Palabras que marcan.
"Antiguamente, en el lugar que hoy ocupa el Lago de Sanabria - que no existía -, tenía emplazamiento Villaverde de Lucerna. Cierto día se presentó en la villa un pobre pidiendo limosna - era nuestro Señor Jesucristo -, y en todas las casas le cerraron las puertas. Tan sólo se compadecieron de él y lo atendieron unas mujeres que se hallaban cociendo pan en un horno. Pidió allí el pobre, y las mujeres le echaron un trocito de masa al horno que, tanto creció, que a duras penas pudieron sacarlo de la boca del mismo. Al ver aquello, le echaron un segundo trozo de masa, aún más chico, que aumentó mucho más de tamaño, por lo que se hizo preciso sacarlo a pedazos. Entonces diéronle el primero que salió. Cuando el pobre fue socorrido... díjoles a las mujeres que abandonaran el horno y se subieran para un alto, porque iba a anegar el lugar... (el lugar quedó convertido en lago) Por lo demás, el lago conservó la virtud de que todo aquel que se acercara a él en la madrugada de San Juan y se hallare en gracia de Dios oiría tocar las campanas de la sumergida Villaverde".La constelación "villa-sumergida" es el artificio estético que utilizó Unamuno para crear un relato recogido, y por ende íntimo. Utilizó "villa-sumergida", no sólo para crear la estructura visible de su novela, sino para presentar, por el proceso de interiorización la realidad íntima, la real, de sus principales personajes: también don Manuel y Lázaro tenían su "villa-sumergida".
Autor y personaje: un yo amenazado. San Manuel Bueno, mártir.
Hay en el relato numerosas referencia al azul del cielo, por ejemplo, que refleja el lago y a los ojos también azules del Párroco. Pero, este azul no denota un color, sino una inmensidad - lo insondable y desconocido - que se percibe en la mente: una idea a la que no corresponde representación alguna concreta. Otra pregunta ineludible: ¿cómo era el lago: grande o pequeño?, El lago era inmensamente azul, como el cielo, como los ojos de Don Manuel. Más, ¿cómo era Don Manuel?, al autor nos dice sólo lo que necesitamos saber. Una cosa nos sugieren estas consideraciones: la novela es un mundo completo y cerrado sobre sí mismo, al que se ha privado de toda vía de comunicación con el mundo exterior.
La mención del lago va unida a la mención de la montaña y, por supuesto, a la del protagonista. El lago y la misma Valverde existen en función de Don Manuel. El alma de Don Manuel es como el alma del pueblo: una y otra tienen una zona profunda, inaccesible a la luz, que es como una villa en ruinas, ahogada, donde antes hubo vida y ahora hay vida de otra suerte.
Por otro lado están Ángela y Lázaro, dos hermanos que se parecen, pero resultan distintos. Los separa la fe. No la fe y la carencia de ella, sino el modo de ser de esta fe. Lázaro nunca llegó a "creerse creyente". Pero esta convicción suya le incapacita para emitir un dictamen definitivo sobre la fe del Párroco. Al contrario, Ángela, robusta como encina en su fe. Ángela y el pueblo fiel creyeron sin dudar en la fe de su pastor. El que duda de ella y más el que la niega, por el mismo hecho, se juzga a sí mismo, parece que quiere decirnos Unamuno.

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